"Es que a mí me da mucho vértigo". Lo oímos constantemente, y por eso queremos contarte algo que casi nadie sabe hasta que vuela: en parapente el vértigo no aparece. De verdad. Deja que te lo expliquemos.
Por qué el vértigo no aparece en el aire
El vértigo es esa sensación que te entra cuando estás asomado a un balcón, al borde de un acantilado o subido a una escalera. ¿Y sabes qué tienen en común esas situaciones? Que tienes los pies apoyados y ves el borde debajo de ti. Tu cerebro mide la caída y se pone en alerta.
En parapente no pasa nada de eso. No tienes los pies en ningún borde: vas sentado en un arnés, flotando, sin ninguna referencia de "caída" bajo tus pies. El paisaje pasa lejos, abajo, como cuando miras por la ventanilla de un avión. Por eso la gente con vértigo suele volar tan tranquila.
El miedo previo es normal (y se va enseguida)
Otra cosa distinta es el nervio de antes, el "¿en qué me he metido?" mientras el piloto prepara la vela. Eso sí es normal, y le pasa a casi todo el mundo. Pero dura poco: en cuanto despegas y notas lo suave que es, se transforma en pura sonrisa. La mayoría baja diciendo que se preocupó para nada.
Y si quiero tranquilidad total, ¿qué elijo?
Si vuelas con miedo, díselo al piloto sin vergüenza: adaptará el vuelo a ti, sin giros ni movimientos bruscos, suave de principio a fin. El vuelo de bautizo es justo eso, la opción más tranquila. Y si en algún momento te vienes arriba, siempre puedes pedir un poco de emoción. Mandas tú.
Piérdele el miedo volando
Un vuelo suave, a tu ritmo, con un piloto que adapta todo a ti. Vas a bajar queriendo repetir.
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